Laia.
Habían pasado varios días y no estaba orgullosa de ser parte de los ShadowMoon durante ese período de tiempo.
Estaba de camino a la oficina de Caleb porque teníamos que hablar de lo que había ocurrido, aunque trataría de omitir lo de la profecía. Era mejor que él no se entrometiera.
Cuando fui a cruzar una esquina, choqué de lleno con un duro pecho que me hizo sobarme la nariz. Alcé el mentón y lo que vi me dejó sin voz.
Mi boca quedó ligeramente abierta. Era un hombre de cabello naranja