«¿Tan importante es para ti es ese muchacho de la fotografía?», pensó en ese momento José.
Luego de calentarle la mano congelada, José le separó los dedos y vio que en la palma aún tenía los pedazos de la foto desgarrada. Entrecerró los ojos con una feroz mirada y los arrojó por la ventanilla del coche.
—Ya ajustaremos cuentas cuando despiertes.
Cuando llegaron al centro de la ciudad, Nadia ya había entrado por fin en calor, pero ahora estaba ardiendo de fiebre. Era muy afortunada de haber sido