Ni Nadia ni los sirvientes se habrían imaginado nunca que la señora de la casa hablaría con el señor de esa forma, como si fueran solamente unos desconocidos.
Nadia sintió lástima por Luna. Él había encerrado a Luna en esa casa mientras estaba por ahí divirtiéndose con otras mujeres y, encima, comprándole ropa. Nadia suspiró y le quitó disgustada a Luna el teléfono de las manos.
—Eyy, eres una mierda.
Tras insultarlo, colgó el teléfono. Al ver la situación, Emma despidió rápidamente a los sirvi