Andrés le respondió:
—Para una revisión de rutina. Has estado tomando demasiados medicamentos últimamente.
Luna no dijo nada más.
Asterio estaba acurrucado en los brazos de Andrés, inmóvil como un muñeco fino que no habla. Hoy llevaba un hermoso suéter con un pequeño oso azul en el pecho, y encima una chamarra gruesa que Luna le había escogido. No se movía tan inquieto como en los brazos de Luna, simplemente se chupaba los dedos en completo silencio.
Luna giró la cabeza para mirar por la ventana