—¿Puedes salvarlo? Haré lo que quieras… —le rogó Ada.
Ada llevó a Simón al extranjero para que lo trataran, recorriendo todos los lugares posibles, pero los médicos simplemente no podían diagnosticar su enfermedad. Solo Leonardo tenía la solución a su enfermedad.
Ada nunca imaginó siquiera que ese hombre, al que veía como un verdadero haragán y mujeriego, tuviera tanto prestigio en el mundo médico internacional. En cada hospital al que iban, la mayoría de los médicos se lo recomendaban muy bien