—Pero… —dijo Frida con duda en la voz —, mamá envió a la abuela Dafne al crematorio en tu nombre y dentro de siete días se llevará a cabo el funeral. ¿Sabes qué día será?
Andrés levantó la mirada:
—¿Qué día será?
—No será un buen día para celebrar el funeral. La difunta no podrá ir al paraíso.
Andrés la interrumpió con una risa con desprecio:
—¿Cómo? ¿Crees que fui yo quien la mató?
Mientras hablaba, apagó el cigarro en el cenicero y se levantó. Frida se vio envuelta por su sombra, su corazón la