Después de que Andrés terminó su última palabra, las bragas de Luna ya habían sido quitadas. Él aplicó un poco de pomada en sus dedos, separó sus piernas con mucho cuidado deslizó sus dedos suavemente sobre la zona desgarrada, untándola ampliamente.
Luna tenía la cara enterrada en la almohada, inhalando bruscamente por el dolor. Realmente le dolía muchísimo. Parecía que él no estaba satisfecho con una sola postura. La volteó y elevó sus piernas. Era una postura completamente humillante para Luna