El día de espera se le hizo más largo que todos los días pasados en prisión. No veía la hora de marcharse. Ya entrada la noche, eran casi las once en punto. En ese momento, el hospital psiquiátrico se encontraba completamente desolado, pero los pasillos seguían iluminados con una luz verdosa, creando un ambiente silencioso y misterioso. El corredor parecía un abismo sin fin, y se podía escuchar el goteo constante del grifo en el frío baño, creando así, una atmósfera extraña e inquietante.
De rep