—Señorita, llámame si me necesitas —dijo Emma.
Sin embargo, estaba pensando que tampoco viviría sola aquí porque el ambiente era bastante temible…
Andrés siguió tranquilamente comiendo. Cuando ella pasó junto a él, dejó el tenedor y dijo:
—Te espero aquí.
Luna detuvo con lentitud sus pasos y respondió fríamente:
—No es necesario. Si te gusta vivir aquí, te lo cedo.
A partir de ahora, con quién decidiera compartir este lugar ya no tenía nada que ver con ella. Andrés debía entender a dónde iba, pe