La enfermera llevaba en sus manos instrumentos desechados y, al acercarse a la sala de destrucción, escuchó una discusión que provenía de dentro, asustándola y haciéndola correr despavoridamente.
La oficina estaba impregnada de un tenue olor a sangre.
Había un pedazo carnoso ensangrentado en un instrumento, con una forma extraña y evidentes signos de infección; pronto, esa masa cambió de color.
Era el útero deformado extraído desde las entrañas de Luna.
—Al principio habían dicho que había posib