La noche cayó, y la luz de la luna se alternaba entre brillante y tenue bajo las densas nubes. El cielo nublado reflejaba el estado de ánimo de Luna: opresivo, asfixiante, y sin aliento. Se sentía como un gato abandonado y vil maltratado, perdido en las calles sin saber a dónde ir en un lugar tan grande y tenebroso. Luna nunca había sabido cuál era su casa en este mundo.
Él apareció de entre las sombras, pero Luna no esperó a su respuesta. Solo escuchó el sonido del viento en su teléfono.
Cuando