Leonardo suspiró con amargura, pero finalmente decidió ayudarla a ocultarlo. Le entregó a Andrés la botella de medicina que Luna no había tomado, mientras le decía impotente:
—Tu esposa se negó a tomar la medicina y no quiere recuperarse. Aún es una muchacha muy joven que no es tan madura. Habla con ella, con más paciencia.
Era cierto. Andrés ya rondaba los treinta, mientras Luna tan solo tenía veinte años. Con esa gran diferencia de edad, Andrés bien podría ser como su tío, y quizá por eso habí