Fanny no dudó, después de deslizar la tarjeta de crédito. Sus ojos brillaron y su mandíbula resplandeció.
Un rayo de sonrisas nubló su rostro antes de mostrarme la tarjeta de crédito.
Al instante mi avaricia aumentó al ver la tarjeta de crédito, y guiñé un ojo nerviosamente, deseando que él
me regalara la tarjeta sin condiciones.
"Esta es una tarjeta de crédito por medio millón de dólares. Es para ti", dijo, con una enfática
risita que resonó en él.
Me quedé abandonado a la duda y a la discusió