Estoy despertando algo adormilada. Estos medicamentos son una porquería. No me duele tanto, pero ando zombi. Miro la hora: las nueve. Me levanto, voy al baño. Una vez pronta, salgo, me visto y voy a la cocina. Me preparo un mate. Qué raro, no hay nadie. Siento voces en el comedor. Voy; están todos con sus laptops.
—Buen día, chicos —saludé.
—Buen día, dormilona —respondió Carolina.
—Hola, Petí, ¿cómo estás? —me preguntó Matías.
—Mejor. Algo zombi.
—Es normal, esos medicamentos son fuertes —