Me despierto. ¿Qué hora es? Las diez. Bueno, es sábado. Me levanto, baño y demás; me pongo un jean, la remera (camiseta) de No Te Va a Gustar, me peiné y salgo de mi cuarto (habitación). —Buen día, ¿a qué hora te despertaste? —le pregunté a Matías. —Buen día, recién. —¿Y Caro? —Ya sabés cómo es, recién salió por los bizcochos. —¿Y no me esperó? —Debe estar cerca. —Ok. Yo salgo de la casa y corro. La encontré a mitad de cuadra. —¡Bo, loca! ¿Por qué no me esperaste? —Buen día —me dijo Carolina—, no dormimos juntas, pensé que seguirías durmiendo. —Buen día, sí, perdón, vamos te acompaño. Fuimos a la panadería y compramos bizcochos. Pagamos y fuimos a casa. —Paula, ¿cuándo vas a darte una oportunidad con otra persona? —me preguntó Caro en el camino. —Caro, no puedo hacerlo. Mi futura pareja si es que llega, se merece mi mejor versión, que pueda estar con él sin recordar a otro. Y en este momento no puedo ofrecer eso, sería egoísta de mi parte. Si lo hago realmente no voy a se
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