—Tío, no somos discípulos del Palacio de Jade, ¿deberíamos rendir homenaje? —preguntó Lizbeth.
—Los muertos merecen respeto, rindamos homenaje. —Pedro asintió con la cabeza.
Soledad fue un talento sin igual de su generación, aunque ya ha fallecido, merece nuestro respeto.
—Oh.
Lizbeth respondió, se arrodilló frente a la estela y respetuosamente dio tres cabezazos.
En ese momento, la estela comenzó a temblar, se hundió lentamente y finalmente desapareció.
Al mismo tiempo, una exquisita caja de ma