Observando el rostro sereno de Estrella, Pedro se sentía como si su corazón estuviera siendo cortado en pedazos. Estaba lleno de odio: odio por haberla arrastrado a esta situación, odio por su propia impotencia, por no poder salvarla. Si pudiera retroceder en el tiempo, preferiría devolver sus vidas y empezar de nuevo.
—¡Espera! ¿Intercambiar?
Como si se le hubiera ocurrido algo, la expresión de Pedro se congeló de repente, y se giró bruscamente hacia Reynaldo:
—Rey de los medicamentos, ¿todavía