—Adiós, mi amor...
Entre la bruma del sueño, Pedro apenas oyó una voz familiar.
Quiso abrir los ojos, pero se encontró incapaz de hacerlo.
Su cuerpo parecía caer en un abismo sin fondo, descendiendo continuamente, sin fin, como si no hubiera un final.
El pánico y la desesperación se entrelazaban.
El mundo entero estaba sumido en la oscuridad, sin vislumbrar el menor destello de luz.
Esta situación, no se sabe cuánto duró.
¿Un año?
¿Diez años?
¿O cien años?
Cuando Pedro sintió que su mundo espiri