—¿Eh? —Al ver a Marisol, Pedro no pudo evitar fruncir el ceño—. ¿Cómo que estás aquí? ¿No te habían expulsado ya?
—Si Julieta pudo volver al clan, naturalmente yo también puedo. ¿Qué tal? ¿Sorprendido? ¿Inesperado?
Marisol cruzó sus brazos, con una expresión burlona en su rostro.
A pesar de todas las maquinaciones del otro, nada podía contra una sola palabra de su maestro.
—No necesito una explicación razonable —Pedro miró a Rebeca, lanzando una acusación.
—Joven, admito que curaste la herida de