—Señorita, por favor entienda, este es mi territorio, y aquí mando yo —Pedro extendió un dedo y desvió la espada que estaba a punto de alcanzarlo, con una expresión serena en su rostro—. Si decido permitirles quedarse, entonces pueden hacerlo; si no lo deseo, tendrán que irse. ¿Entiende?
—¡Qué atrevimiento! ¿Acaso te atreves a rechazarme? —Marisol abrió los ojos de par en par—. ¡Soy la discípula principal del Palacio de Jade, una diosa admirada por todos! ¿Sabes cuántos jóvenes talentosos hacen