—¿Qué?
La repentina voz sorprendió a los tres, dejándolos atónitos.
Miraron hacia la fuente del sonido.
En el centro del lago, sobre el escenario, Pedro estaba de pie, con las manos detrás y una expresión indiferente.
—Muchacho, ¿qué acabas de decir? No te escuché bien.
El hombre fornido con el machete entrecerró los ojos, su semblante mostraba desagrado.
—Les propongo que los tres suban juntos, así ahorramos tiempo y evitamos disputas innecesarias, ¿no es mejor? —dijo Pedro con calma.
Estas pal