—¿Qué? —El inesperado cargo de culpa dejó a Pedro ligeramente atónito—. ¿Qué pasa, ha muerto vuestro cuarto hermano?
—¡Sí! ¡Todo es culpa tuya, asesino! —la chica gordita lo acusó con una cara llena de ira.
—Aclara las cosas, ¿qué tiene que ver la muerte de vuestro cuarto hermano conmigo? No me imputes cargos sin fundamento —dijo Pedro con tono tranquilo.
—¡Humph! ¿Aún te atreves a negarlo? Si no fuera por tu trampa, ¿cómo habría muerto mi cuarto hermano? —exclamó la chica gordita.
—¡Chico! No p