Viendo al probador de fuerza de puñetazos ser lanzado a más de diez metros de distancia, todos quedaron estupefactos.
Permanecían parados en su lugar, sin reaccionar por un buen rato.
Con los ojos abiertos como campanas, cabría un huevo en sus bocas.
Jamás en sus sueños imaginaron que ocurriría tal cosa.
Con solo un puñetazo, el aparato quedó completamente inservible.
¡¿Esto todavía es humano?!
—Yo... ¿Estoy viendo bien? ¿El probador fue lanzado volando?
—¡Dios mío! ¿De dónde salió este monstruo