—¡Ah!
Aquiles volvió a emitir un grito terrible.
Sus dos piernas estaban inutilizadas, y el dolor torcía toda su cara.
Originalmente, solo quería molestar a una belleza, pero jamás imaginó que, sin tocarla siquiera, se encontraría con unos locos así.
Sin mediar palabra, le rompieron brazos y piernas, sin darle importancia alguna a las Sectas blancas y negras.
—¿Quiénes son estos tipos? ¿Cómo se atreven a herir a alguien de las Sectas blancas y negras? ¡Qué audacia!
—¿Verdad? Son tan guapos, pero