—Por favor, síganme, señores —dijo el mayordomo inclinándose y haciendo un gesto de invitación.
—Muchacho, tuviste suerte esta vez, pero la próxima, no serás tan afortunado.
Tras lanzar una mirada fría a Pedro, Alfonso y sus acompañantes se marcharon rápidamente.
—Papá, ¿por qué siento que acabas de hacerte un enemigo? —comentó Estrella con intención.
—En tiempos extraordinarios, debemos priorizar el bien común. Necesitamos la fuerza de Puerta del Ártico ahora, mejor no romper lazos completament