Al mediodía, Estrella estaba tomando té con Roman.
—Estrella, ¿recuerdas nuestra apuesta? Han pasado tres días y sigo sano y salvo. ¿No crees que es hora de cumplir con tu promesa? —Roman dio un sorbo a su té con una sonrisa en su rostro.
—Señor Roman, ¿por qué la prisa? Todavía falta medio día para que se cumplan los tres días completos de nuestra apuesta —Estrella permaneció serena.
—¿De verdad crees en ese pequeño estafador?
Roman no pudo evitar sonreír:
—Llevo años practicando artes marcial