En otro lugar, dentro de la mansión de la familia Arroyo.
Elvis estaba sentado en su estudio, absorto en la lectura de libros de guerra.
Leía con tal concentración que no se perdía ni una sola palabra.
En ese momento, se escuchó un golpe en la puerta.
—¿Qué sucede?
Elvis no se volvió.
—Joven maestro, ya es hora, deberíamos partir —una voz anciana resonó desde fuera de la puerta.
Elvis dejó el libro, se levantó, se ajustó la ropa y luego abrió la puerta para salir.
Un anciano sirviente lo esperab