Después de torturarla sin descanso, Leticia finalmente sucumbió y cayó desmayada.
En ese momento, su espalda estaba en un estado tan atroz que no se podía soportar la vista.
Las heridas horrendas seguían derramando sangre poco a poco.
Incluso en su desmayo, su cuerpo seguía convulsionando inconscientemente.
—Comandante, ella ha perdido el conocimiento —informó un subordinado.
—Despiértala con agua y continúa golpeándola —dijo Adán fríamente.
—Tío, ¿puedo hacerlo yo mismo? —Enzo, ansioso por