—¡Alto!
Un grito furioso, parecido a un trueno, silenció todos los sonidos del lugar. La gente, sobresaltada, volteó a mirar rápidamente. Vieron a una figura erguida, caminando con un aire amenazante.
El ambiente caluroso de la fiesta se enfrió en un instante. Algunas personas, con vestimentas reveladoras, no pudieron evitar estremecerse de frío.
—¿Pedro?
Al reconocer el rostro del recién llegado, Estrella sintió un alivio, como si hubiera visto a su salvador.
—¡Así que eres tú! —Ivette lo obser