—¿Ya terminaste? Cuando lo hagas, lárgate. No quiero verte más aquí.
Pedro, con impaciencia, hizo un gesto de desdén, claramente no tomando en serio al otro.
—Tú...
Erik estaba a punto de estallar, pero Eulogio lo detuvo con un gesto:
—¡Basta! Desde el principio, Oso estuvo en el error. Pedir disculpas es lo más normal.
—¡Hermano mayor!
Erik frunció el ceño.
—¿Acaso olvidaste lo que dijo nuestro padre?
Eulogio lo miró de reojo, su expresión un tanto molesta.
—Yo...
Erik apretó los dientes, pero