A escasos metros de distancia entre ellos, Pedro dobló ligeramente sus rodillas y luego, con fuerza, saltó.
La tierra pareció explotar dejando un cráter, y Pedro, como un proyectil lanzado, se abalanzó con violencia en medio de la multitud.
Por donde pasaba, los lamentos eran ensordecedores, y el suelo se teñía de rojo sangre.
Bajo la protección de su "verdadera energía vital", aquellos guardaespaldas de élite fueron lanzados al aire antes siquiera de tocar a Pedro.
Algunos perdieron brazos o