El tenedor se disparó como una flecha que había sido liberada de su cuerda, penetrando directamente en el brazo de Floro.
—¡Ah……!
Él gritó con un fuerte dolor, el sudor frío le corría por el rostro.
—Recuerda, si hay una próxima vez, no será solo una mano. —Pedro le advirtió.
—¡Eres muy valiente!
Floro, sujetando su brazo que sangraba profusamente, huyó rápidamente.
Tan glorioso como había sido antes, ahora estaba totalmente avergonzado.
—Pedro, ¿qué era eso que sacaste? ¿Por qué ese hombre se a