—¿Ah?
Oso quedó aturdido, cubriéndose la cara y sin saber qué hacer en ese momento.
—¿No debería estar regañando a Pedro en este momento?
—¿Por qué mi tío me ha dado una bofetada?
—¡Insensato! ¡Si no puedes hablar bien, lárgate de aquí ahora! —Eulogio mantenía una seria expresión, visiblemente enfadado.
Originalmente no había necesidad de gastar dinero, pero este tonto sin ojos había elevado el precio de una simple píldora a trescientos millones.
Si dejaban que el otro siguiera hablando, Pedro