El semblante de Cristian se ensombreció por completo:
—Pedro es mi amigo, y puedo dar fe de él. Si hay algún problema, ¡yo asumo toda la responsabilidad!
—¿Qué están haciendo parados ahí? ¡Vengan ya!
Eulogio, desde el interior de la casa, no pudo evitar apurarlos al ver que se quedaban parados en la entrada.
—Joven, mejor no intentes hacer nada raro; te estaré vigilando —Advirtió Oso antes de hacer espacio.
—Pedro, no le hagas caso, pasa por favor.
Sin querer perder más tiempo en palabras, Crist