—¡Joven! ¡Desafiar a los cuatro hermanos que somos, tienes agallas!
En el ring, cuatro hombres calvos miraban fijamente a Pedro con ojos penetrantes.
En sus rostros, una sonrisa fría se dibujaba.
Habían visto a muchos guerreros de la ciudad capital, entre ellos no faltaban expertos.
Pero al final, todos fueron derrotados por ellos cuatro.
Hoy no sería la excepción.
—Deja de hablar y actúa.
Pedro colocó su mano izquierda detrás de su espalda y extendió lentamente la derecha.
—Si estás tan ansioso