Observando a Fanny con la ceja alzada y mirada fría, Leticia no pudo evitar fruncir el ceño, su semblante se tornó sombrío y algo desagradable. El té que la otra mujer había rociado en su rostro era más que una falta de etiqueta; era un insulto en absoluto. ¡Una manera de ponerla en su lugar!
—¡Leticia! ¿Qué diablos estás haciendo? ¡Te pedí que sirvieras té y me diste agua hirviendo! ¿Estás intentando quemar a mi abuela? —Teresa empezó a hacerle la vida difícil, aprovechando la oportunidad.
—Cre