La batalla seguía en pleno apogeo, Ángel luchaba solo contra los poderosos del Templo de Todos los Dioses, su expresión nunca cambiaba en lo absoluto.
Cinco figuras se entrelazaban en una danza difícil de desenmarañar, una escena que sacudía cielo y tierra.
Allí donde pasaban, árboles caían, casas colapsaban, dejando tras de sí una devastación total.
Pedro se quedaba en la entrada, bloqueando el flujo de energía que ocasionalmente salpicaba desde el campo de batalla.
Por fortuna, Ángel alejaba