La confrontación entre los dos grandes expertos del poder del nacimiento era tan intensa que ningún luchador común podría acercarse.
Mientras tanto, en la clínica Bueno y Feliz, Onofre, Félix y Ángel disfrutaban su vino con placer. Acostumbrados a las grandes agitaciones, no daban importancia a las pequeñas peleas que ocurrían afuera.
Pero Silvia, quien les servía el vino, no estaba tan tranquila.
Ella miraba preocupada hacia la puerta y se decía: "¿Cómo podría Adolfo enfrentarse a tantos homb