—¡Muere!
Al ver que Adolfo dejaba una abertura, Orlin aprovechó la oportunidad para desatar un furioso ataque con su espada.
En ese crucial instante, un "aguja de plata" salió disparado, cruzando la multitud y golpeando la espada de Orlin.
Con un suave sonido de chasquido, la espada se rompió.
—¿Quién? ¿Quién diablos hizo esto?
Orlin retrocedió inmediatamente, su rostro lleno de cautela.
El hecho de que alguien pudiera romper su espada con una simple aguja demostraba un dominio profundo de la