La cara de Renata se iluminó y dijo:
—Itzel, ahora estás a salvo. Si Isidoro logra convencer al Sr. Cipriano, estoy segura de que escaparás de las garras del peligro.
—Si eso sucede, sería maravilloso. ¡Gracias, Isidoro!
Itzel hizo una profunda reverencia, exponiendo su pecho inadvertidamente.
—No hay de qué, somos compañeros. ¿Qué es una pequeña ayuda entre amigos?
Isidoro restó importancia al asunto con un gesto de su mano.
—Bueno, ya que hemos resuelto el problema, vayamos al bar a tomar unas