El general infló su pecho con arrogancia y declaró:
—¡Soy el subcomandante del Ejército del Tigre Blanco bajo el mando del Mariscal! No importa quién sea ese tipo, puedo manejarlo fácilmente. ¡Solo observa!
Justo cuando terminó de hablar, su teléfono móvil comenzó a sonar. La primera llamada entró.
—¡Hola! General, soy Ramón de la familia Rajoy. Has detenido a alguien que no deberías haber detenido. Sería mejor que lo liberaras ahora; quizás puedas evitar mayores problemas.
—¿Quién te crees que