Estrella encogió los hombros y se sentó junto a la mesa, acercando el tazón de fideos hacia ella. Con una sonrisa agradecida, exclamó:
—¡Gracias por el desayuno que me has preparado, esposo! Eres muy considerado.
—Estás equivocada, estos fideos son míos —Leticia recuperó el tazón—. Llevo tres años disfrutando de la cocina de Pedro, y él sabe que los fideos son mi platillo favorito.
—Señorita Leticia, no te hagas ilusiones. Lo que quedó en el pasado, allí se queda. Ahora, este tazón de fideos me