Al patear la puerta, las luces dentro de la habitación estallaron de repente.
Un aura fría y sofocante cubrió instantáneamente todo el espacio.
—¿Quién es? ¿Quién demonios se atreve a arruinar mi momento?
Francisco giró bruscamente, su rostro desenmascarando una furia salvaje. Debido a la oscuridad repentina, aún no podía ver claramente quién había llegado.
—¡Francisco, estás buscando tu muerte! —Una voz tan fría como el hielo se acercó lentamente.
A la luz de un rayo de luna que entraba por la