Un chasquido resonante.
La mano de Leticia aterrizó fuertemente en la cara de Pedro.
Debido a la fuerza excesiva, la herida que había estado cubierta con una venda se rompió nuevamente.
Hilos de sangre fresca se deslizaron entre los dedos.
Pedro tocó su cara ardiente, permaneciendo en silencio, su expresión neutral. Podía soportar malentendidos y desprecio, pero no podía tolerar que su antigua esposa lo abofeteara por otro hombre.
—¿Por qué? ¿Por qué te niegas a cambiar? —Leticia apretó los