—Iñigo, detesto las amenazas. Te advierto, no me provoques o la familia Luján tendrá muchos problemas— dijo Pedro con calma.
—¡Vaya chico! ¡Eres realmente arrogante! —Iñigo soltó un bufido frío. —¡Bien! Si no sabes apreciar mi oferta, veremos qué pasa.
Con esas palabras, se dio la vuelta y se marchó. La familia Luján valoraba su reputación y no podían arrebatar la fórmula a la vista de todos, pero después podrían usar otros métodos para conseguirla fácilmente.
—¡Chico! Has hecho enojar a Iñig