Bernardo había visto a muchas mujeres hermosas, pero nunca había encontrado a alguien como Vania, una mujer que llevaba la seducción a su máxima expresión. Lo más crucial era que esta belleza excepcional era su propia cuñada.
Esa sensación de romper con las normas éticas era lo que realmente emocionaba a Bernardo.
Después de unos intercambios de cortesía con Bernardo, Vania de repente suspiró fingiendo estar preocupada.
—¿Qué pasa? ¿Tiene algún problema, cuñada? —preguntó Bernardo.
—No es n