—¡Qué desfachatez!
Yolanda, furiosa, se puso roja como un tomate y apretó los dientes con ira.
Ella quería presumir, pero este joven delante de todos la había ridiculizado, ¡era imperdonable!
—He puesto el precio, y ahora solo tienen dos opciones: pagar o largarse —dijo Pedro sin cortesías.
—¡Es un abuso! ¡Realmente es un abuso!
Yolanda saltaba furiosa, incapaz de contener su ira.
Desde que su estatus había mejorado, nunca había sido tratada de tal manera.
—¿Qué pasa aquí?
En ese