Ella no deseaba que su hija siguiera los pasos de esas personas.
—¿Por qué? ¿Por qué tiene que ser así?
En ese momento, ya había oscurecido.
Pilar salió corriendo del hospital y se agachó bajo la luz de una farola en la esquina de la calle, llorando inconsolablemente.
La luz tenue alargaba su sombra, extendiéndola mucho.
A ella no le importaba la identidad de Pedro, ni le importaba si él tenía poder o influencia; simplemente le gustaba él.
No podía entender, ¿por qué todos se oponían?
¿Acaso dos