—¡Ha llegado Consuelo, la Diosa de la Guerra!
Cuando la nítida voz femenina resonó, de repente todo el lugar se quedó en silencio.
Todos, como si hubieran acordado, miraron hacia la entrada principal, sin despegar los ojos.
Pronto, bajo la mirada de todos.
Una mujer vestida con un traje de combate rojo, llevando una espada larga, entró caminando con paso tranquilo.
La mujer tenía el cabello corto plateado y poseía una belleza capaz de derribar ciudades y naciones.
¡Tan hermosa que cortaba la res