Pedro respondió con brevedad.
—Gracias.
La mujer de azul sonrió cortésmente y luego llamó a sus dos amigos a sentarse.
No había opción, este lugar tenía más asientos libres, y Pedro, vestido de manera sencilla, parecía más accesible.
Parecía que no habría mucha presión para llevarse bien.
—Guapo, me llamo Martha, esta es Paulina y él es Gabriel. ¿Cómo te llamas?
La mujer de azul se presentó y luego preguntó, pareciendo muy extrovertida.
—Un encuentro casual, no hace falta intercambiar nombres —P